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EN
EL CAMPO Y EN LA CASA
Algunos
comparan al Dogo Argentino con un vino de calidad, otros con una sofisticada
máquina de precisión. Estas asociaciones que podrían
parecer exageradas aplicadas a un simple perro no lo son en absoluto
referidas a él, porque este animal, creado en sus inicios para
la cacería y hoy también incorporado a la vida familiar,
es un perro muy fino, de gran calidad, al que hay que tratar y manejar
como se merece. En una palabra, al igual que un Dom Perignon o una Ferrari,
no es para cualquiera, requiere conocimiento profundo y un manejo adecuado.
De todos modos, estos señalamientos no deben inquietar al aficionado
al Dogo Argentino sino, simplemente advertirle que hay que tenerlos
en cuenta para lograr una muy feliz convivencia. Fuera de ello, su tenencia
en sí no presenta mayores dificultades: es fuerte, rústico,
no padece problemas específicos de salud, y puede llegar a vivir
muchos años.
En lo que hace a su función de cazador, sabemos que la búsqueda
de un perro nacional comenzó en nuestro país a partir
del viejo perro de combate cordobés, el cual desde el siglo XIX
y hasta comienzos del XX, era utilizado en Córdoba -siguiendo
una tradición heredada de la época de la Colonia- en pelea
de perros.
Aquel animal, originado por selección natural de distintas razas
(entre otras Boxer, Bull Dog y Bullterrier), era muy resistente y valiente,
pero no se llevaba bien con sus congéneres, tenía poco
olfato y le faltaba velocidad para los fines propuestos. El doctor Antonio
Nores Martínez supo compensar estas desventajas incorporando,
a través de un paciente trabajo de selección, sangre de
razas adecuadas.). En una palabra, para crear un perro funcional a las
necesidades de nuestro territorio, buscó determinadas características.
Una de ellas fue el color. Eligió el blanco, no porque resultara
agradable a la vista - que sí lo es - sino porque el perro de
manto oscuro se mimetizaba con la vegetación (pensemos en cómo
es el campo argentino) y podía provocar que el cazador corriera
el riesgo de confundirlo con otro animal. Otra razón más:
para cazar en Argentina había (y hay) que salir de a caballo
y recorrer largas distancias. La capa blanca resultaba una ventaja para
la caza a campo abierto, porque facilitaba la localización del
perro a través de montes y montañas.
También tuvo en cuenta el tipo de manto. Al privilegiar el corto,
no lo hizo para evitar olores desagradables -cosa que a veces ocurre-,
sino que buscó que el animal pudiera moverse libremente, sin
que se le enredara el pelo, en una vegetación agresiva y espinosa
como la existente en los montes del norte y en los campos pampeanos.
Por otra parte, el pelo corto defiende al perro de las garrapatas, pulgas
y otros insectos, además de protegerlo del calor -aunque el Dogo
Argentino es capaz de soportar muy bien bajas temperaturas-.
Las razones esgrimidas, en cuanto al color y al manto, no sólo
resultaron funcionales para la cacería. En la actualidad, el
hecho de que el Dogo Argentino, muestre su elegante morfología
perfectamente delineada y destacada por un manto corto y blanco, lo
predispone favorablemente también para ser acogido en el hogar,
como perro de familia. Claro que el pelo y el manto no es lo único
que atrae en este perro. Hay otros aspectos tan o aún más
importante aún que la belleza llegado el momento de la decisión.
Nos referimos, como es de suponer, al comportamiento, valor e inteligencia,
de este perro.
Dice Agustín Nores Martínes, refiriéndose a su
función en el hogar: El dogo es el más dócil y
manso de los perros de presa y sin duda que ni aún los falderos
tienen la bondad y paciencia para soportar las torturas que él
es capaz de soportar de los niños. Valiente, decidido y temerario,
no es perro de un solo amo, es perro de familia, fiel a todos.
En otro fragmento de su libro "El Dogo Argentino", el mismo
autor señala: en mis largos años de contacto con ellos
(los dogos) y con criadores o poseedores de Dogos Argentinos, jamás
me he enterado que un dogo haya mordido a alguien, y menos a un niño.
He visto a mi viejo Kob de las pampas, cazador de infinitos jabalíes,
que tiene en su haber luchas mano a mano, y solo, en la cordillera,
con enorme jabalíes y que ha luchado decenas de veces con pumas
adultos en los montes, que tiene mil cicatrices en la cabeza y en el
cuerpo; que ha demostrado un valor increíble
, que varias
veces lo he recogido en el monte a punto de morir desangrado "ad-finish"
y solo en medio de la cordillera nevada, lo he visto, digo, aguantar
pacientemente, las más dolorosas herejías que suelen hacerle
los niños.
Para llegar a convivir con un perro con las características del
Dogo Argentino, fiel, abnegado, poderoso y valiente, es preciso cuidar
muy bien su educación. No es una mascota más. Requiere
firmeza en su educación, pero también un trato amable,
cariñoso, aunque sin concesiones. Jamás hay que golpearlo,
ni tratarlo mal. Mano firme, no es mano dura.
Resulta absolutamente necesario, también, que su dueño
tenga en cuenta sus necesidades de espacio, de ejercicio y de contacto
humano. Cuando se procede teniendo en cuenta las necesidades señaladas,
que incluye un ambiente calmo, equilibrado y afectivo, el Dogo Argentino,
dotado de un fuerte potencial, encontrará, desde cachorro y junto
a la familia, su mejor lugar.
Artículo
publicado en EL PERRIÓDICO Nº 57 (Más info: www.elperriodico.com.ar)
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Dogo Argentino: ¿ángel
o demonio? - Por Juan E. Romero
Los medios de comunicación a menudo anuncian con letras de molde
los accidentes provocados por perros domésticos, el dogo entre
ellos. "Perro asesino atacó a una nena"
Yo no
niego que hayan existido tales accidentes. Pero lo cierto es que aquéllos
que resultaron fatales siempre han ocurrido con perros de porte. No
existe titular que anuncie "Chihuahua mató a su dueño
de 120 kg de peso", porque ese diminuto perrito no podría
provocarle la muerte nunca, y de ningún modo (
a no ser
que el hombre trastabillara y cayera a un abismo). Pero decir "Dogo
asesino" vende. En una palabra, lo que quiero decir es que se suele
inflar la noticia, en detrimento de la raza y a favor del marketing.
Y esto es sumamente injusto, porque el Dogo Argentino es la primera
raza canina criolla pensada específicamente como un perro de
caza acorde a las necesidades de nuestro territorio nacional. No es
un engendro genético, como algunos suelen decir. En todo caso,
si alguien no estuviera de acuerdo con este animal debería echarle
la culpa a Pedro Luro que fue el que trajo los jabalíes al país.
Este señor era, según mi opinión, un sibarita,
comparable a un Isidorito Cañones, pretensioso y engrupido, que
ingresó del exterior ciervos y jabalíes para utilizarlos
en un coto de caza y después de la Primera Guerra Mundial, cuando
ya no pudo mantener su estancia, los jabalíes se le escaparon
y empezaron a competir con nuestra fauna autóctona. El hombre
de campo ante esta situación se vio obligado a encarar alguna
lucha para proteger a su ganado y allí es donde aparece Nores
Martínez creando al Dogo Argentino, una excelente herramienta
para la caza de montería.
Volviendo al tema de la mala prensa que sufre el Dogo, creo que existe
una psicosis con los perros de presa, sin advertir que, en lo que hace
al temperamento del animal, de la cuna no trae más que un 30%
de la conducta final, siempre y cuando el hombre no lo maleduque. El
70% en la conducta final de un perro es el ambiente, es lo adquirido,
en síntesis, somos nosotros.
A las personas que me preguntan si el Dogo Argentino es un buen perro
para vivir con la familia, yo les respondo que sí, que es un
bellísimo perro de compañía, siempre que esté
correctamente socializado.
Mi conclusión, basada en mi experiencia profesional y mediática,
es que el Dogo Argentino resulta un extraordinario perro de caza y montería,
función para la que fue creado, y si está bien socializado
desde cachorro, también un excelente perro de guardia y de compañía.
Pero, insisto, debe ser correctamente socializado.
Comprar un perro no es como comprar una licuadora. Si una persona quisiera
adquirir un ejemplar de la raza yo le preguntaría en primer lugar
si la conoce y si tuvo experiencia con animales de porte. De no ser
así, le sugeriría buscarse otra raza, más beta,
más manejable. En caso de sí tener experiencia previa,
le aconsejaría que se inclinara primero por un ejemplar hembra,
para luego seguir con un macho. La hembra de Dogo es un animal muy dócil,
muy cariñoso, pero hay que sociabilizarla mucho, acariciarla,
buscar que se vincule muy bien con el mundo exterior.
En lo que se refiere a los juegos hay que tener presente que jamás
a un dogo hay que jugarle de presa. Todo lo contrario, si se lo quiere
como animal de compañía, no hay que exacerbar lo que ya
le viene condicionado genéticamente. Es decir, al dogo no se
le juega corriendo, ni tironeando un trapo; los juegos con el dogo deben
ser tranquilos.
Tratándose de perros de porte es muy conveniente buscar un asesoramiento
idóneo de adiestradores profesionales y veterinarios que conozcan
de conducta canina. El tema de comprar un perro es como comprar un auto:
uno puede elegirlo por el color, por la forma, pero, si no sabe nada
de motores, entonces, tiene que preguntarle al mecánico.
En síntesis, el dogo no es un ángel, ni un demonio. Es
sí, convenientemente sociabilizado, un perro bueno tanto para
trabajar en montería como para vivir junto a una familia. Estas
características están reconocidas en el mundo, es una
raza difundida en ciento treinta países, mientras que la Argentina
tiene embajadas en cien. O sea, que hay treinta países más
donde hoy tenemos a un argentino embajador en forma de perro.
Artículo
publicado en EL PERRIÓDICO Nº 57 (Más info: www.elperriodico.com.ar)
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El cachorro y el perro joven
¿Qué nos piden? ¿Qué nos dan?
Años atrás, un incondicional entusiasta e incansable
estudioso de la raza, el reconocido veterinario, criador y juez especialista
Víctor Valiño, señalaba en uno de sus libros (Caza
de Montería con Dogos Argentinos) algunos aspectos que el propietario
de un cachorro debe tener en cuenta en el momento de su educación.
También se ocupaba de esclarecer las normas necesarias a seguir
llegado el momento del ingreso del animal en la adolescencia.
Como el mismo Valiño se ocupó de destacar, muchas de las
consideraciones expuestas son extensivas "para las razas que han
intervenido y acompañado al hombre en su actividad de años
en procura de alimentos, proporcionándole colaboración
o gran utilidad".
Hoy como entonces, sus consejos mantienen total validez y, una vez más,
ayudan a un mejor entendimiento con nuestros perros.
Los primeros meses
· Educarlo desde temprano, no dejar intervalos vacíos.
· A los seis meses el nivel de exigencia será mayor.
· La educación se tiene que llevar a cabo dentro del
núcleo familiar. No se lo debe aislar de la familia
· El dueño y quienes estén en contacto diario
con el cachorro deben participar con el instructor, formándose
junto a su cachorro.
· Todos los excesos son nocivos y perjudiciales para nuestro
Dogo y pueden influir notoriamente en su carácter. Somos nosotros
los que logramos gran parte del carácter de nuestro perro adulto,
por eso hay que cuidar que no le falte el afecto y cariño necesarios.
Tampoco confundir el cariño con exceso de lo permisivo.
· No dejar manosear al perro por cuanta persona vea por la calle
o entre en su casa (
) Las caricias y el afecto son privativos
para los de su familia (
)
· Hay que tener paciencia con los cachorros.
· No gritar al cachorro: pocas palabras y cortantes son más
entendibles para él que muchas palabras (
)
· No pegarle ni simular hacerlo.
· No engañar al cachorro, él debe confiar ciegamente
en su amo para que el día de mañana su amo pueda confiar
plenamente en él.
· La alimentación y toda actividad con respecto al animal
debe realizarse por sus dueños.
· No exigirle demasiadas cosas hasta los seis meses.
· No permitirles a los niños que utilicen al cachorro
como elemento fácil de golpes (
) Evitar que sus juegos
sean violentos.
Después del año
En diferentes oportunidades es notable ver cómo el perro
acompaña y disfruta junto al hombre en sus actividades deportivas.
(
) ¿Cómo iniciar el perro en esta actividad?
Lo primero y más importante es el dominio y manejo adecuado para
someterlo con la correa: no debe tironear, desbocarse, cambiar de paso
o detenerse. Todo esto se corrige con un buen manejo desde el principio.
Hay que acostumbrarlo a caminar junto a nosotros y respetar el ritmo
que le queremos imponer.
Uno de los métodos es mantenerlo al lado al caminar y cuando
se distancia de nuestras piernas traerlo hacia nosotros con la palabra
¡Junto! (dándole un tirón suave pero firme con la
correa). En poco tiempo el cachorro comprenderá lo que se pretende
de él. (
) Siempre se debe felicitar al perro con caricias
y actitudes agradables cuando por unos segundos cumpla nuestra orden.
Para lleva a cabo todo esto es aconsejable primero dejarlo retozar a
gusto y hacer sus necesidades; luego de unos minutos comenzar a trabajar.
Es menester poner en claro que todo tipo de ejercicios debe ser realizado
en etapas claras y definidas, tenemos que valernos de paciencia y darle
tiempo para que se amalgame con cada actividad nueva que se le vaya
enseñando. Preparémoslo paulatinamente, y no pretendamos
exigirle una caminata de 10 km. en la primera jornada. (
) Lo aconsejado
para el perro que comienza es empezar con un ejercicio suave de caminatas
cortas de 6 a 10 cuadras, a paso de hombre, e ir aumentando día
a día de dos a tres cuadras. (
)
La segunda etapa es la de darle velocidad. Durante la caminata darle
trotes intermitentes e inmediatamente volver al paso. Esto durará
no menos de dos semanas. Luego daremos comienzo a la tercera etapa:
ahora está en condiciones de realizar en una forma constante
trotes de 10 a 15 cuadras. A la semana de esta tercera etapa llegará
a realizar el trote de 20 cuadras sin tener manifestaciones de cansancio
que sean nocivas para su salud.
Todo tipo de ejercicio hay que hacerlo en horas de fresco y bajas temperaturas,
a la mañana o a la noche. Nunca después de ingerir alimentos.
El agua se le debe suministrar media hora después de los ejercicios
y nunca inmediatamente después.
Hasta aquí los sabios consejos impartidos por un experto de
la raza. Como síntesis, podríamos decir, que para disfrutar
a pleno de nuestro Dogo sólo debemos darles los que nos piden:
coherencia, paciencia y cariño. Ellos nos responderán
sin duda ofreciéndonos compañía y fidelidad de
por vida.
Artículo publicado en EL PERRIÓDICO Nº 63 (Más
info: www.elperriodico.com.ar)
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